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Gracias, Fermín, en nombre de las almas que auxiliaste

Fermín Albrecht

¡HOLA! A veces hay que hablar del hombre que ha dejado lo mejor y más sano de su persona en pos de un objetivo económico, o de la ciencia o de graduación en materia de estudios y está bien, cada uno de ellos se merece el elogio. De cualquier modo, nos parece maravilloso, enriquecedor para el espíritu, hablar de un pastor que ha pasado los cincuenta años de acompañar almas y llevarlas hacia el objetivo supremo de un día, más allá de la vida, alcanzar el Reino de los Cielos.

Fermín tiene un indisimulable perfil de barrio, alguien que se fogueó en cultivar seguidores de Dios y que alguna vez le tuvo que dar un correctivo severo a aquellos que no sólo no son de Dios sino que se dedican especialmente a perturbar a todo aquel que sí lo es.

Fermín es salesiano, un enviado de la obra de Don Bosco, un pastor salido del mismo horno en que fue modelada la ternura de Ceferino Namuncurá, un representante del primer colegio de América que mandó a construir Don Bosco enviando como punteros del proyecto a numerosas familias que se convirtieron en inmigrantes y formaron una colonia de quinteros que hoy es historia no sólo en la ciudad sino que, además, en todo el país.

A veces llegan cartas

El señor Manuel Cabrera, Manolo desde el afecto, nos ha enviado una nota en la que explica "pido que esta columna de Buenos Días, Ciudad tenga la generosidad de otras veces y me permita ensayar un merecido y emocionado homenaje al padre Fermín Albretch".

"Ayer 27 de noviembre, el padre Fermín Albretch cumplió cincuenta y ocho años de vida sacerdotal. Se trata -agrega el autor- de un luchador incansable, de un predicador irrenunciable en favor de los niños desamparados. Que este salesiano haya hecho tanto por las criaturas pobres, pobre de medios económicos y muy carecientes de cariño, ya nos está ilustrando sobre una personalidad impactante por lo positiva. Y eso es Fermín y mucho más".

"La merecida pausa"

"Fermín -sigue Manolo- hoy se encuentra en el disfrute de una merecida pausa en el Colegio San José de Rosario, pero esto no es ni debe ser motivo para olvidarnos de él y además es justicia que recordemos el aniversario de su ordenación sacerdotal".

"Tengo ganas de decir, porque me afloran las palabras desde lo más profundo del alma, que este sacerdote cumplió una labor definitivamente sacrificada y silenciosa en beneficio de la capilla de Lourdes, desde 1993 y luchó a brazo partido hasta el ocho de mayo de este año, en que se convirtió en parroquia la vieja capilla".

El inicio

"Es el momento -remarca Manolo- de evocar los inicios de la capilla que comenzó a servir al barrio con bancos donados por los vecinos y luego vino la instalación de la oficina parroquial... las cosas se fueron dando, vino el salón de fiestas, ámbito comunitario de gran utilidad y la creación de un coro llamado Santa Cecilia".

"Fueron centenares los niños -asevera el autor de la nota que ha llegado a nuestra redacción- que recibieron la Primera Comunión o las Confirmaciones en esa capilla que hoy, insisto, es parroquia y mira con orgullo al mundo del pasado.

"Es éste -sentencia Manolo- el momento del homenaje a Fermín, porque va camino a las seis décadas de ser sacerdote y porque todos los católicos le debemos cosas hermosas, obras ejemplares".

“Desde esta humilde nota pido, a María Auxiliadora, a Don Bosco y a Ceferino Namuncurá, que sigan brindando bendiciones a Fermín, noble sacerdote al que todos queremos mucho".

Las evocaciones

Por mi parte, digo que la última vez que dialogué con Fermín fue en aquella oportunidad en que su estada en Rosario desató cierto revuelo y en su retorno al colegio nicoleño, fue que dialogamos.

Fermín, emocionado, recordó su niñez, las veces que tuvo que sacar al hombre para salvar la convicción del sacerdote y de su alegría por haber estado en Roma, la meca de la fe, y rendir un examen "a pocos metros del despacho del Santo Padre".

Al momento de salir la presente edición de EL NORTE a la vía pública para su venta, seguro que son muchos cientos los vecinos que se deben sentir identificados con la lectura de esta semblanza y fundamentalmente el homenaje al cura de los casi sesenta años de haberse convertido en soldado de Dios".

Fermín fue aquel que le dio la Primera Comunión al pibe que, hoy hombre de actividad plena, lee "Buenos días, ciudad" sentado frente a la mesa de un bar apurando el café de la mañana.

Fermín fue el ser de la sotana que al salir de la iglesia le acarició el rostro a un pibe que, hoy adulto, evoca ese momento y su pedido con respuesta positiva de "déme una estampita, padre".

En la lectura tranquila del diario en el banco de la plaza, un hombre nos lee y piensa en aquella vez de la Primera Comunión, jornada feliz como pocas pero también con alguna expectativa "¿sabré yo cómo manejarme con la Hostia en mis labios?"."¿Seré yo merecedor de recibir la gracia?"...

"El tiempo pasa y esta vez sí que pasó aceleradamente" -dirán quienes frente al escritorio de su trabajo- evocarán a un Fermín mucho más joven o el haberlo escuchado exponer una homilía muy sabia, una de esas de las que sin retarnos, nos recuerda que la obediencia a lo Divino es una forma de llegar al cielo".

Feliz cumple, Fermín y si es posible te esperamos alguna vez de no muy lejos para darnos cuenta, si ello ocurre, que la vida y Dios siempre nos regalan un poco más de lo que deseamos mucho".

Ha sido lo de hoy, feliz miércoles y el pedido a Dios para que nos bendiga.

Diario El Norte, de San Nicolás

 

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