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El P. Antonio Azarkiewicz volvió al Padre

El viernes 17 de agosto falleció, en Funes, el Padre Antonio Azarkiewicz a la edad de 93 años.

Entre los sentimientos que embargan nuestro corazón en estos momentos de dolor, brota espontáneo un profundo GRACIAS al Señor de la vida por el regalo que han significado para la Inspectoría, para los jóvenes y los salesianos cooperadores, los generosos 93 años de nuestro “patriarca”.

La rica y fuerte personalidad del P. Antonio, su entrega generosa y fiel hasta el final, su devoción entrañable y contagiosa a María Auxiliadora, su amor a Don Bosco y a la Congregación, manifestado en la obediencia afectuosa y humilde a sus superiores, nos acicatea en el seguimiento de Jesús, Religioso del Padre, y a vivir nuestra entrega con el amor, la fidelidad y la entereza con que la vivió él.

Al P. Antonio podemos aplicar las palabras de San Pablo: “He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida” (2Tm 4,7-8). Es lo que creemos que ya ha sucedido y la esperanza que tenemos en que el Señor ya habrá premiado generosamente a su “siervo bueno y fiel”.

Con el P. Antonio se va uno de los testigos de la primera hora de nuestra presencia en Misiones. En efecto, a las pocas semanas de la llegada de los salesianos a San José (Misiones), ya Antonio Azarkiewicz comienza a frecuentar el Oratorio y, al año siguiente, se encuentra entre el grupito de primeros aspirantes que lleva el P. Juan Bautista Gherra a Bernal, casa donde dará los primeros pasos en la vida salesiana y donde emitirá sus primeros votos el 28 de enero de 1933, próximo a cumplir los 19 años. Terminados los estudios teológicos en Villada (Córdoba), es ordenado sacerdote por Mons. Lafitte, el 21 de enero de 1942. A los pocos años es nombrado director de Curuzú (1950), cargo de animación que desempañará a lo largo de 46 años, pasando sucesivamente por las Casas de Curuzú, Resistencia (9 años en dos períodos), Manucho, Rosario San José (12 años en dos ocasiones) y Funes Casa Inspectorial. A este largo período de animación hay que agregarle los 25 años como Delegado Inspectorial y Nacional de los Salesianos Cooperadores.

Pero la Obra a la que el P. Antonio dedicó sus mejores energías fue a la propagación de la devoción a María Auxiliadora, cristalizada en la edificación de su hermoso Templo de Funes. El borrador de la historia de la construcción del Templo ha sido su último escrito.

P. Joaquín López, sdb

 

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