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A un año de la inundación en Santa Fe

El recuerdo

A un año de la inundación que significó una de las tragedias más terribles de la historia santafesina, miles de ciudadanos aún padecen las penurias de un fenómeno natural cuyas consecuencias, previsibles, devastaron no sólo sus bienes materiales sino también sus vidas.

El Salado rugía y chocaba contra todo. Se hizo escuchar. Golpeó las puertas de Santa Fe y no esperó. El Salado pasó sin permiso. El 29 de abril de 2003 se produjo la rotura del terraplén Irigoyen y el río Salado se adueñó de calles, casas, autos, escuelas, hospitales y hombres. Todo quedó herido por un río que se despertó de golpe y no dejó tiempo para que miles de santafesinos pudieran escapar.

"Soy Inundado" pasó a ser la identidad de muchos que sufrieron el miedo, el frío, el desamparo, la soledad, la angustia, la muerte. Sintieron sobre sus cuerpos la desgracia de la exclusión y la tristeza.

Muchos habitantes de esta ciudad capital ya estaban fuera del sistema por pobres e indigentes pero a partir del 29 de abril varios más perdieron su rol de ciudadanos y comenzaron a mendigar ayuda económica para volver a empezar y reinsertarse en la comunidad.

El ingreso del río Salado a la ciudad, que desató la tragedia que conmocionó al país, cumplió un año. Aniversario que no se festeja pero será recordado por siempre y tendrá una página en la historia de Santa Fe por la herida abierta a la sociedad.

Más de 100.000 personas fueron afectadas por la catástrofe, pero igual no hay explicación y palabras que den cuenta de la magnitud de la misma.

Los barrios Barranquitas, Centenario, Villa Oculta, Santa Rosa y la ciudad entera se convirtieron en un mar de dificultades.

Colegios, iglesias, gimnasios y galpones se convirtieron en centros de evacuados, miles de personas amontonadas buscando un poco de calor y la posibilidad de matar el hambre. Bebes, niños, adolescentes, adultos y ancianos compartían juntos platos, frazadas, sillas, hasta sus lágrimas y rostros tajados por el dolor de haber perdido todo.

Se aguantó: el frío, la humedad, la desesperación de estar lejos de casa; se sufrió: saber que muchos perdieron lo que tanto le había costado, saber que el río se había llevado muchas vidas. Se insultó: se busco culpables, se "maldijo" al río.

Se rezó: miles de evacuados pedían a Dios que acabase esta pesadilla, muchos con rosarios en la mano acortaron el tiempo y agrandaron la esperanza. Se sonrió: cada vez que el sol se hacía fuerte en lo alto y el agua bajaba, muchos abrieron paso entre el agua y el barro buscando reconstruir sus casas, sus vidas.

Se agradeció, y se sigue haciendo, al puñado de manos solidarias que abrazó a Santa Fe. Cientos de voluntarios colaboraron a través de las distintas instituciones. Voluntarios que sintieron como propio ese sufrimiento se acercaron a los centros de evacuados para dar una mano, un oído, una gota de esperanza a los evacuados. Cientos de voluntarios, bomberos, policías, médicos, militares, vecinos, recorrían las calles de la ciudad en botes, lanchas y camiones en busca de personas que quedaron atrapadas por el agua. Cientos de jóvenes universitarios se pusieron al servicio de los inundados para colaborar en la búsqueda e identificación de personas.

Adolescentes y jóvenes se acercaba a los evacuados para colaborar en la asistencia alimentaria y de salud, tanto como aquellos que donaban frazadas y ropa para que el frío no golpeara tanto. Todo el país levantó la bandera de la solidaridad, a través de campañas de entidades religiosas, instituciones gubernamentales y medios de comunicación.

Desde ese 29 de abril, no hubo más distancia. Nunca antes Santa Fe estuvo tan cerca de los argentinos, ahí nomás estaban ayudando los vecinos de Rosario, Buenos Aires, Córdoba, Corrientes y todas las ciudades de un país que sufrió, también, el desborde del Río Salado. A la debilidad de un pueblo santafesino sacudido por esta catástrofe, se mostró el corazón de mucha gente que tiene latente el valor de la solidaridad.

Meses Antes

Meses antes de este episodio, el río Salado, presentaba una altura poco usual, cercana a los registros históricos a causa de lluvias extraordinarias, que durante abril, habían precipitado sobre localidades y departamentos de la cuenca del Salado. En ese mismo tiempo, quien era el intendente de la ciudad, había tenido conocimiento de la fuerte crecida. Funcionarios sabían de trabajos que se estaban haciendo en el norte de la ciudad. El domingo 27 de abril, día de elecciones presidenciales en Argentina, se había visto vecinos hombreando bolsas y construyendo barreras. Los medios televisivos locales mostraban notas con habitantes de esos barrios que advertían del problema a las autoridades.

La magnitud del fenómeno, de la creciente y las lluvias, presagiaba algo grave. Cuando entre la noche del lunes y la madrugada del martes el agua ingresaba al casco urbano de la ciudad de manera increíble, quedó en evidencia la ausencia del Estado, la falencia informativa precedió a la desorganización para atender a las miles de personas que estaban siendo anegadas.

La Presencia Salesiana

La comunidad Salesiana estuvo junto a los inundados. Salesianos consagrados, jóvenes del MJS, estudiantes y toda la comunidad del Colegio Don Bosco de la ciudad puso al servicio todo lo que tuvo a disposición. Desde los colegios de la inspectoría se juntó ropa y alimentos que se repartieron entre aquellos que habían perdido todo. Las tareas tuvieron acción en el campo material y espiritual.

Se prepararon más de 3000 raciones diarias de comida durante dos meses, atendiendo dos comidas diarias. Durante ese tiempo se entregaron bolsones con mercaderías, se distribuyeron frazadas, muebles, chapas y material de construcción. Además de ropa, artículos para la limpieza e higiene personal y el servicio de asistencia médica y asistencia Espiritual.

Hombres y mujeres que afrontaron las dificultades, la confusión, la desesperación; hombres y mujeres solidarios que tenían la sensibilidad del Evangelio y sin darse cuenta tenían presente a Jesucristo. Cuando sintieron el impulso a dar una mano, Jesús comenzaba a vivir en ellos y en cada damnificado.

Todo este trabajo fue posible gracias a los fondos aportados por el Rector Mayor, la Procura Salesiana de Bonn, Misiones Salesianas de España, el Instituto Semería del Colle Don Bosco (Italia), a nivel internacional, y muchas de las obras salesianas de la Argentina, como así también personas que, ante la magnitud de la tragedia, no dudaron en dar su aporte para financiar esta ayuda esencial.

Luego de la primera atención inmediata, se continuó presente con las tareas de rehabilitación y reconstrucción, especialmente en las escuelas del Barrio Santa Rosa de Lima, establecimiento educativo que se encuentra en el radio de acción de la Parroquia y sufrió los efectos devastadores de las inundaciones.

La pronta rehabilitación parcial del edificio escolar posibilitó el retorno de los alumnos a un ritmo de estudio, ocupación y trabajo relativamente normales, aunque las condiciones siguen siendo precarias.

Así lo cuentan Directivos de estas escuelas: "Durante el tiempo posterior a la inundación se fue paulatinamente habilitando el establecimiento. Se comenzó con sólo algunos pocos salones, se fueron realizando subdivisiones y amoblando en forma lenta. Además se completó el comedor, la recuperación de la instalación eléctrica y sanitaria, el techado de aulas, la realización de revoques y aberturas de los salones, pintura, herramientas, reparación de sillas y armarios, toda una serie de tareas que a la distancia se tornan minúsculas pero que en el momento tenían un significado emocional y práctico ya que ayudaba a recuperar ánimos y fuerzas para continuar en la tarea educativa."

"Hoy evaluamos como un hecho muy positivo para la salud de la comunidad educativa habernos fijado el criterio de recuperar los espacios y ámbitos de la escuela, destruidos por la catástrofe, pues permitió recobrar la mayoría de los hábitos personales e institucionales. Fue fundamental en todo ello la actitud muy positiva del personal de la Escuela y todas las muestras de solidaridad que recibimos de muchas escuelas del país y en especial de la Obra Salesiana".

"Se buscó de cumplir con la premisa que lo que se hacía se debía articular con futuras intervenciones, de manera que no hubiera recursos ni esfuerzos malgastados. El apoyo fue fundamental para concretar la atención a las necesidades de los alumnos."

En el website de la Inspectoría (www.salesianoslitoral.org.ar) junto a estos relatos hay algunas imágenes que muestran la situación y los trabajos realizados en la Escuela, y en el suplemento Educación del diario La Capital del sábado 24 de abril de 2004 (www.lacapital.com.ar) hay relatos de estas y otras instituciones educativas del barrio afectadas por la inundación.

Por supuesto que la tarea no está terminada: faltan aún habilitar espacios edilicios (baños, salones, aulas, dependencias administrativas, etc.) y sobre todo recuperar equipamiento (computadoras, mobiliario, material didáctico, etc), que esperamos pueda ser realizado gracias a la ayuda de los que quieren aportar lo suyo para que estas Escuelas puedan recuperar su funcionamiento.

Santa Fe después

La provincia de Santa Fe, celebra una expectativa favorable, sobre todo en la economía vinculada a la producción agropecuaria. Pero los conflictos posteriores a la inundación no se borraron. La falta de previsión en la emergencia hídrica y la lamentable y aún no concluida superación de los problemas emergentes, los reclamos de los damnificados, de los ciudadanos que sufrieron la destrucción de sus viviendas y la pérdida de su lugar de trabajo; personas que no han logrado encontrarse con un estado que se haga cargo de su responsabilidad y les devuelva la sensación de pertenecer a una sociedad decente forman parte del paisaje urbano cotidiano.

Esos ciudadanos volverán a sentirse tales en la medida que se advierta que el resarcimiento de las víctimas y damnificados es una prioridad que no desaparece más allá de renovación de autoridades o el transcurso de un año.

Santa Fe es una ciudad que todavía debe salir de la emergencia. La capital de la provincia está haciendo memoria de los meses más negros de su historia reciente. Así, un año después, todos los santafesinos, algunos por convicción y otros por obligación, trabajan duramente por la reconstrucción de una ciudad lastimada y exhausta. Miles de santafesinos se ocupan de refundar la ciudad y con ella la recuperación de la esperanza.

Para quienes quieran contactarse para brindar su ayuda, la dirección electrónica es proyectos@salesianoslitoral.org.ar

Un resumen para no perderse

Este resumen fue encontrado en Internet. Pertenece a Ofelia Tujchneider, de la Universidad de Mar del Plata. Interesante por lo conciso y lo gráfico de las imágenes.

Ver informe

Fotos

Estas fotos fueron seleccionadas de un conjunto de varias, donde se tomaron muestras del accionar del río Salado descontrolado, las huellas que dejó en la población y el trabajo que se estuvo haciendo en el marco de este proyecto.

Reconstrucción Escuela 2035 "Santa Rosa de Lima"

Las fotos muestran la parte de la escuela inicial, pero el edificio incluye también niveles superiores.

Esta es la vista de la puerta que se ve en la primer foto, atrás, en la galería. El nivel del agua está marcado con la flecha.

La pared muestra el accionar del agua, que duró semanas en bajar. El techo fue reconstruido, al igual que toda la instalación eléctrica.

Es de notar el techo

Imágenes de los barrios

Las zonas más humildes no tienen casa de material, con lo que el agua accionó de manera contundente

Los barrios aledaños y asentamientos precarios fueron obviamente los más golpeados. El terreno quedó desarmado, y la reconstrucción se hace con lo que se consigue

Esta avenida rodea la ciudad de Santa Fe. El agua la pasó por arriba en ciertas zonas, destruyéndolas. Igualmente, hubo que dinamitar una parte de ésta para que la inundación drenara hacia otros terrenos

Aquí pueden verse muebles y objetos que estuvieron bajo el agua, y lo que fue repuesto al irse ésta. La pared también muestra su accionar.

Esta esquina no pudo con la fuerza del agua que pasó por allí

Estos tanques son utilizados por la compañía de electricidad de la provincia. Para tener una noción de su tamaño, el tapial de hormigón que está delante de ellos debe tener unos 3.5 metros de altura.

 

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