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Roberto Camusso hizo sus votos perpetuos

Roberto Camusso sdb

Nuestro amigo Roberto Camusso, el sábado 28 de abril, fue consagrado por el Señor “para siempre”. Esta celebración en la que su persona quedó definitivamente ofrecida a Dios, se celebró en el Don Bosco de Santa Fe. Lo acompañaron sus hermanos y amigos en este momento tan trascendente en su vida. Para que recemos por Roberto, a fin de que su SÍ sea fiel y fecundo, les adjuntamos el texto de su petición:

“Gracias Dios, padre y madre, por tantos signos de tu amor, por descubrirlos en mi vida y en la vida de los que me rodean. Gracias por tu presencia cercana, misericordiosa y cariñosa, gracias porque así quisiste revelarte y mostrarte.
Gracias Dios hijo, hermano y amigo. Gracias por tu encarnación, por haber optado por ser tan hombre. Gracias por tu caminar sencillo pero decidido, sereno pero valiente, por mostrarme el camino que debo seguir y por acompañarme a recorrerlo. Gracias por animarme a llevar la cruz de algunas situaciones que me duelen, que me hacen sufrir; gracias por mostrarme que a la cruz no debo tenerle miedo porque después viene la resurrección, la vida nueva.
Gracias Dios Espíritu Santo por haber soplado siempre, a veces con el ímpetu de un huracán, con la fuerza necesaria para desparramar las cenizas que cubrían y ahogaban las brasas del bautismo, otra veces como brisa suave que ayudó a avanzar al pobre velero de mi fe. Gracias por tu presencia constante en mi historia y en la historia del pueblo.
Amado Dios Trinidad, fuente y culmen, parto y agonía de mi vida y de la vida de los hombres, perdón por tanto amor no entregado, perdón por tantos caprichos consentidos, perdón por tantas desobediencias, perdón por tanto egoísmo, perdón por tanto descuido de la vida.
Querida mamá María, gracias por tu sí en Nazareth, gracias por tu presencia de pie junto a la cruz en el calvario, gracias por acompañar a los apóstoles hasta la llegada del Espíritu Santo, gracias por tu si de cada día. Gracias por haber aceptado ser madre y maestra de Don Bosco y sus muchachos, gracias por tantos gestos de ternura y cariño, gracias por ser mamá.
Gracias Don Bosco por ser padre, maestro, pastor y amigo de los jóvenes, gracias por tu docilidad al Espíritu, gracias por tu profetismo, por ser la familia de los muchachos que no tenían familia, gracias por tu amor sin medida a todos los jóvenes.
Dios, que dispone todas las cosas para nuestro bien, me ha hecho el regalo de nacer en el seno de una familia que cree y vive su fe, especialmente en las personas de mi mamá Belkis y de mi abuela Nélida. Los caminos que en la vida tuve que transitar, la catequesis sacramental, la participación en la pastoral juvenil de la parroquia de mi pueblo, y especialmente el tiempo de discernimiento y formación en las casas salesianas, me han ayudado a hacer crecer y purificar esa fe primera, fe auténtica y cordial.
Desde este camino de crecimiento en la fe, Dios que ya decidió consagrarme en el bautismo, me invita a una entrega total, a un seguimiento más cercano de Jesús con el estilo de Don Bosco, y yo me siento deseoso de responder con generosidad y prontitud.
Creo que este llamado que Dios me hace, viene acompañado de los dones necesarios para vivir la vocación del religioso salesiano.
Quiero compartir la vida con hermanos, ya que la vida comunitaria es para mi una necesidad. Aunque soy bastante independiente, no puedo ni podría vivir solo. Se que es difícil, que es un esfuerzo que requiere de una dedicación cotidiana. En mi corta experiencia de vida comunitaria he vivido momentos de calvario, pero confío en que la gracia de Dios me ayudará a seguir caminando hacia este ideal. Construir comunidad es un desafío apasionante y quiero realizarlo.
Me siento llamado a ser pastor de los jóvenes, esto me hace feliz. Quiero estar en medio de ellos como signo y portador del amor de Dios a los jóvenes, y ser testimonio de que Dios existe y su amor puede llenar la vida. Deseo llevar la Palabra de Dios a los jóvenes y acompañar a los jóvenes hacia Dios. Gozo y sufro cuando los jóvenes me abren su corazón, cuando comparten su vida, sus proyectos y sus dolores; es bellísimo descubrir en ellos las huellas que va dejando el maestro. Quiero ser una sonrisa amiga, un oído que escucha, una voz que anima y consuela, una mano que levanta y sana, un corazón que reza, quiero estar ahí.
Quiero y deseo vivir los consejos evangélicos de la obediencia, la pobreza y la castidad. Considero que cada uno de ellos, lejos de mutilarnos como hombres, como seres humanos, son valores que nos permiten vivir una auténtica libertad para anunciar el reino nuevo, y para el servicio de los jóvenes.
El sentirme llamado a la vocación salesiana sacerdotal me anima a cultivar la vida de oración, el encuentro diario con el Señor de la Vida, en su Palabra y en los sacramentos, especialmente en la Eucaristía cotidiana y en la reconciliación. Deseo vivir la vida cotidiana como ofrecimiento y oración al Dios de la vida.
Quiero ser especialmente para los jóvenes, un buen pastor que conquista para Dios con la mansedumbre y la entrega de si mismo. Soy plenamente consciente de que mi corazón tiene varios trozos de piedra, pero confío en que el encuentro cotidiano con la Palabra de Dios, que como lluvia viene a la tierra y la hace fecunda, mis hermanos salesianos y los jóvenes que el Padre ponga en mi camino, me ayuden a convertir el corazón, y que cada día haya en él menos piedras y más carne; y que esto sirva para mayor gloria de Dios y salvación de los jóvenes.
Deseo agradecer profundamente a la institución salesiana y a todos los hermanos que la integran, por el acompañamiento y posibilidades ofrecidas.
Deseo poner bajo la protección y el auxilio de nuestra Madre María todas las intenciones y necesidades de la inspectoría, la vida de los hermanos y de todos los jóvenes destinatarios de nuestras acciones”.

Roberto Camusso

 

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