Pascua Juvenil Misionera en El Porteñito
Se llevó a cabo durante la Semana Santa la tradicional experiencia de la Pascua Juvenil Misionera, en la cual, jóvenes de distintas ciudades de la inspectoría comparten la celebración de la Pascua con las comunidades y los jóvenes de “El Porteñito”. La Obra Salesiana de El Porteñito que funciona desde hace 25 años, se encuentra en Villa General Güemes, una localidad muy pobre ubicada en la zona rural de la Provincia de Formosa.
Durante esos días los jóvenes que vivieron en casas de familia enriquecieron la vivencia del Evangelio y profundizaron los contenidos y el Espíritu de las celebraciones pascuales, con un espíritu misionero. Participaron y animaron celebraciones, especialmente, la del sábado de Gloria con el tradicional Fogón.
Con el fin de compartir el significado de la experiencia transcribimos algunos comentarios de los jóvenes que participaron.
“Fue una experiencia realmente muy gratificante y llena de enseñanzas, ya que verdaderamente me enseñó mucho y a reconocer que soy, por así decirlo, afortunado por las cosas que tengo y por las posibilidades que tengo, ya sea desde la educación, la familia, la salud, etc. Aprendí que hay que valorar un poco mas las cosas que se tienen, muchas veces uno se queja por cosas sin sentido, y son las personas y las situaciones vividas en lugares como El Porteñito, las que te hacen dar cuenta de que esas quejas muchas veces no tienen valor. Además, a reconocer esto, también ayudaron mucho los demás chicos que participaron, que de distintas formas de ver las cosas y con diversas experiencias de vida me enseñaron a ver un poco mejor las cosas que pasan a mi lado. Espero que se pueda volver a repetir.”
Matías Rausch
“Es muy difícil transmitir por escrito tantas emociones, realmente fui con mucha inseguridad porque no sabía si tenía algo para dar y ahora veo claro que aunque se tenga mucho para ofrecer no tiene punto de comparación con lo que uno se lleva” “Ahora que ya pasó más de una semana de volver a la rutina, que por cierto costó mucho, y de haber compartido una realidad tan distinta de la que vivo a diario, siento que son tantas las cosas buenas que esta experiencia me dejó, que no va a alcanzarme la vida para agradecerles la oportunidad de vivirla”.
“Volví misionada, realmente la gente se brinda completa y te da todo y si tiene nada comparte su nada con vos, cosa que en el individualismo que vivimos no estamos muy acostumbrados a hacer. Y creo que es importantísimo tener muy presente todo lo escuchado y compartido para valorar no solo a nivel material todo lo que tenemos, sino también los afectos, ya que en algunos casos sentí que había gente que estaba muy sola y tenía o mejor dicho tiene mucha necesidad de ser escuchada; y que enfrenta realidades muy duras con mucha entereza y esencialmente con mucha fe, cosa que en mi caso particular es lo primero que flaquea”.
Luciana Biancucci
“La experiencia en el porteñito estuvo buena por que me ayudo a ver y tomar conciencia sobre la realidad. Las personas del lugar se portaron de maravillas y nos trataron como si fuéramos de la familia . Si pudiera volvería porque la gente de la zona sin conocerte te abre las puertas y te deja conocerlas . Entre los chicos que fuimos se formó un grupo muy bueno ya agradezco lo compartido”.
Diego Villanueva
“Para mí fue una experiencia fantástica, pude encontrar a dios en la simplicidad de abrir nuestro corazón para compartir con el otro.
Poder estar con gente tan sencilla y con tanta humildad de corazón cuando uno se acostumbró a estar en un mundo de competencia y de superficialidades en el que lo mas importante es ganar sin importar como, donde nadie se interesa por las necesidades del que esta a nuestro lado y donde reina la cultura del vacío me llevaron a reflexionar muy directamente sobre nuestra manera de vivir.
Esos días me llenaron de ganas de vivir, de mantener una sonrisa en los labios agradeciéndole a dios todos los regalos maravillosos que nos da, desde el poder levantarnos hasta el amigo que siempre esta a nuestro lado; de enfrentar los problemas con total resignación; de abrirnos al otro tal como somos; y por sobre todas las cosas me afirmo las ganas de dedicarle a dios cada día, desde el latido de mi corazón hasta el mayor de los obstáculos haciendo una oración de lo cotidiano.
Me parece importante que lo vivido no quede como un buen recuerdo en nuestra memoria, sino q nos ayude a madurar como personas y a darle un buen sentido a nuestras vidas. También resaltar que esta maravillosa experiencia tiene su base en cada persona especial con la que la compartimos, la gente que nos recibió tiene que estar orgullosa de si misma, de la riqueza que tienen para compartir. Siempre le voy a agradecer que nos hayan recibido tan calidamente y que, como dijimos con los chicos, nos hayan dejado el corazón calentito, mas allá del frío que tuvimos a lo último”.
Belén Ortiz
