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  Mes de la Biblia
�Qu� son los evangelios ap�crifos?

Se quedaron afuera

�C�mo nacieron estos evangelios? Primero se escribieron los evangelios llamados oficiales o "can�nicos" (de Mateo, Marcos, Lucas y Juan). Pero �stos ten�an demasiadas lagunas sobre la vida de Jes�s. Y la curiosidad de la gente quer�a conocer m�s detalles del Se�or, la Virgen Mar�a, los Ap�stoles, y otros personajes del Nuevo Testamento.

Entonces, para completar los silencios de los Evangelios y rellenarlos con los datos que faltaban, se compusieron estos otros escritos.

Por eso, los evangelios ap�crifos no abarcan toda la vida de Jes�s, sino s�lo el per�odo de su infancia (en que los Evangelios can�nicos resultan sumamente breves), y el de su pasi�n, muerte y resurrecci�n (complet�ndolo con abundantes detalles). Y dejan de lado toda su vida p�blica, porque es lo mejor descrito en los cuatro Evangelios.

Con el aval de alg�n grande

Durante los primeros a�os de la Iglesia, estos evangelios circularon normalmente entre los fieles, y eran le�dos p�blicamente en algunas comunidades. Pero con el transcurso del tiempo se prohibi� su lectura p�blica (es decir, en el templo), debido a las an�cdotas rid�culas y pueriles que conten�an.

Fue entonces cuando se les dio el nombre de ap�crifos, en el sentido de "prohibidos, reservados, no para todos".

Pero aun cuando fueron rechazados, estos libros perduraron a lo largo de los siglos, y lograron sobrevivir unos 30. Algunos se conservan m�s o menos completos, otros s�lo fragmentariamente. Todos llevan como autor a alg�n personaje famoso de la antig�edad (Evangelio de Santiago, Evangelio de Pedro, Evangelio de Tom�s, Evangelio de Mar�a), lo cual, aunque no era cierto, les daba mayor autoridad.

Casi todos los ap�crifos fueron escritos en griego, y despu�s traducidos al armenio, al copto, al sir�aco, al et�ope y al lat�n, lo cual demuestra el enorme �xito del que gozaron en su momento.

Algunos relatos de estos evangelios

El �ngel de la comida

Algunos comienzan con el nacimiento de la Virgen Mar�a que, seg�n dicen, fue milagroso. Su madre, que se llamaba Ana, era est�ril. Joaqu�n su padre, angustiado, se fue al desierto a ayunar 40 d�as, pidiendo un hijo a Dios. Estando all�, se le apareci� un �ngel y le anunci� que no iba a tener un hijo sino una hija, cuyo nombre ser�a c�lebre en todo el mundo. Nueve meses despu�s, Ana dio a luz a Mar�a.

Los ap�crifos destacan que desde peque�a Mar�a ya mostraba una inclinaci�n hacia la pureza. A los seis meses, por ejemplo, su madre quiso ponerla en el suelo para hacerla caminar pero ella se neg�. Entonces, para que no tocara nunca el piso, le construyeron una tarima especial por donde ella pod�a caminar.

Cuando cumpli� 3 a�os la llevaron al Templo de Jerusal�n, y all� se qued� a vivir junto a otras ni�as que d�a y noche cantaban y alababan a Dios. Pero a ella, un �ngel del cielo le tra�a de comer todos los d�as.

A pesar de tener s�lo 3 a�os, dicen los ap�crifos que Mar�a hablaba con total correcci�n, que sus tareas manuales eran superiores a las de los adultos, que interpretaba las Sagradas Escrituras con extraordinaria sabidur�a, y que los enfermos que la tocaban quedaban curados.

Vio salir una paloma

Al cumplir los 12 a�os, el sumo sacerdote del Templo quiso casarla con alg�n joven, pero ella se opuso diciendo que hab�a hecho votos de virginidad perpetua. Entonces resolvi� entregarla en custodia a un hombre mayor. Reuni�, pues, a todos los viudos del pueblo y les pidi� a cada uno una vara. Entre ellos se hallaba tambi�n Jos�, que ten�a ya 91 a�os y varios hijos de su primer matrimonio.

El Sumo Sacerdote llev� las varas de los pretendientes al Templo, y pidi� a Dios una se�al para saber a qui�n elegir. En ese momento, de la vara de Jos� vio salir volando una paloma, con lo cual supo que �ste era el elegido de Dios. Y as� Mar�a fue entregada al anciano Jos�.

La mano carbonizada

Los evangelios ap�crifos narran c�mo, cuando el emperador Augusto orden� hacer un censo en todo el imperio, Jos� se march� de Nazaret a Bel�n para censarse, llevando a Mar�a montada en un asno y con su embarazo de nueve meses a cuestas.

Mientras iban en camino, ya cerca de Bel�n, un �ngel se le apareci� a Mar�a y le avis� que hab�a llegado la hora del parto. Jos� detuvo la marcha, y ante la desesperaci�n de no hallar ninguna casa ni posada donde alojarla, la introdujo en una cueva oscura y se march� en busca de una partera. En ese momento una luz, tan intensa que ning�n ojo pod�a resistirla, invadi� la cueva, y en los brazos de Mar�a apareci� un ni�o.

Jos� lleg� m�s tarde con una partera llamada Salom�. Mar�a les cont� c�mo hab�a sido su parto, y que ella permanec�a a�n virgen. Pero Salom� repuso: "Jam�s lo creer�, si no introduzco mi dedo y lo compruebo". Mar�a se lo permiti�. Pero cuando la partera retir� su mano, vio que estaba carbonizada. Empez� a llorar desconsolada, pero Mar�a la hizo acariciar al ni�o y al instante se cur�.

En la gruta hab�a un buey y un asno, que cuando vieron al ni�o reci�n nacido lo adoraron. Luego se presentaron tres reyes venidos de Oriente, llamados Melchor, Gaspar y Baltasar, con regalos para el ni�o.

Milagros que matan

El ni�o Jes�s creci� y, siempre seg�n los ap�crifos, se convirti� en una persona caprichosa, mal educada y de car�cter irascible.

Cuando ten�a 5 a�os, jugando un d�a con barro, molde� doce palomitas. Su padre Jos� lo reprendi� porque era s�bado, y ese d�a no se pod�a hacer ning�n trabajo. Entonces Jes�s bati� las palmas, los pajaritos salieron volando y Jos� qued� humillado.

Con sus amigos del barrio era tambi�n iracundo. Una vez un chico le desarm� sus juegos hechos con arena, y �l indignado lo maldijo y lo convirti� en �rbol seco. Otro d�a, mientras iba caminando, un ni�o que pasaba corriendo lo choc� por detr�s sin querer; Jes�s lo maldijo y el ni�o cay� muerto. En otra oportunidad, viendo a los chicos del pueblo esconderse para no jugar con �l, los convirti� en cabritos. Y cuando iba a buscar agua con ellos, se divert�a rompi�ndoles los c�ntaros contra el suelo; los ni�os se largaban a llorar, y �l despu�s les hac�a aparecer otros c�ntaros nuevos.

Los dem�s padres increpaban a Jos� por el hijo que ten�a, y varias veces lo quisieron expulsar del pueblo. El pobre Jos� no sab�a ya qu� hacer, y le ped�a a Mar�a que lo hablara porque a �l no le obedec�a.

Muchas otras an�cdotas extravagantes de Jes�s llenan las p�ginas de los evangelios ap�crifos.

Saber diferenciarlos

Con �stas y otras rid�culas historias los evangelios ap�crifos pretendieron llenar las lagunas de la infancia de Jes�s dejadas por los evangelios can�nicos. Al leerlas, comprendemos por qu� la Iglesia nunca las acept� como inspiradas.

Sin embargo, muchos de estos episodios han entrado en la fe de la gente, y son tranquilamente aceptados, sin saber su origen. Algunos quiz� pueden tener fundamento hist�rico, como el caso de los nombres de los padres de la Virgen Mar�a (san Joaqu�n y santa Ana), conservados gracias a los libros ap�crifos.

Pero la mayor�a de los datos que aportan son pura fantas�a, a pesar de que muchos cristianos los tienen por ciertos. As�, la idea de que Mar�a hab�a hecho votos de virginidad perpetua antes de casarse con Jos�, es un invento de los libros ap�crifos para explicar la frase de Mar�a: "C�mo es posible, si yo no convivo con ning�n hombre" (Lc 1, 34). Los evangelios can�nicos no mencionan ning�n compromiso virginal de Mar�a al momento de su matrimonio.

Del mismo modo esa imagen que tenemos de san Jos� anciano, y simple "protector" de Mar�a, de la cual m�s bien parece su abuelo, la hemos sacado de los evangelios ap�crifos, seg�n lo vimos. En realidad Jos� debi� de haber tenido, al casarse, unos 18 a�os, como todos los j�venes de su �poca. Present�ndolo longevo, los ap�crifos pretend�an descartar cualquier inter�s de �l por ella, y asegurar as� la virginidad de Mar�a.

Tambi�n son los ap�crifos los que afirman que Jos� era viudo y con varios hijos de su primer matrimonio, para explicar la presencia de los famosos "hermanos" de Jes�s, mencionados en los evangelios. As�, �stos pasaban a ser hijos de Jos�, pero no de Mar�a.

Inclusive la "virginidad de Mar�a durante el parto", jam�s ense�ada oficialmente por la Iglesia, est� basada en los ap�crifos, en la escena, de bastante mal gusto, en que Salom� introduce su mano en Mar�a para comprobar que a�n permanece virgen.

Los unos y los otros

Muchas otras creencias que tenemos, como el viaje de Mar�a a Bel�n en un burro tirado por Jos� (cuando seguramente viajaron en una poblada caravana como se hac�a en ese entonces), que la Virgen haya viajado a Bel�n cuando llevaba casi nueve meses de embarazo y que sufri� un parto de apuro (cuando san Lucas da a entender que lleg� a Bel�n varios meses antes del parto), la presencia de un buey y un burrito en la gruta del pesebre (cuando seguramente Jos� debi� de haber acondicionado bien la gruta para el nacimiento de su hijo), que los reyes magos eran tres, as� como sus nombres (cuando san Mateo no da ninguno de estos datos), que �stos hayan llegado al poco de nacer el ni�o (cuando seg�n Mateo llegaron a los dos a�os del nacimiento), son otros tantos detalles introducidos en nuestras tradiciones y cuya procedencia son los evangelios ap�crifos.

Tambi�n la creencia de que Mar�a no tuvo dolores de parto, est� sacada de los evangelios ap�crifos, de la escena en que un �ngel le advierte a Mar�a que le lleg� la hora de dar a luz. Los evangelios can�nicos, en cambio, no dicen nada al respecto, por lo que el parto de Mar�a debi� de haber sido normal, como el de toda muchacha.

Finalmente, que Jes�s naci� de la Virgen Mar�a como un rayo de sol que atraviesa un cristal, sin tocarlo ni romperlo, es una idea tomada de los ap�crifos, extra�a a los evangelios aut�nticos.

Conocer lo que ense�an los evangelios ap�crifos ayuda a valorar mejor los evangelios oficiales, y a distinguir lo que realmente ense�an �stos, de lo que entr� por la puerta falsa en la fe de la gente.

Ariel �lvarez Vald�s


(En �Qu� sabemos de la Biblia? Nuevo Testamento, P. Ariel �lvarez Vald�s, San Pablo Argentina)


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