La última visita
Calulo 4 de enero de 2008.-
Queridos amigos:
Pensamos que esta será una de las últimas cartas antes de volver a estrecharnos en un abrazo, y es para contarles cómo hemos vivido estas fiestas.
El 24 de diciembre salimos en lancha por el hermoso río Kuanza, lleno de selva verde alrededor ya que empezó la estación de lluvias y entonces los rojos y amarillos se convierten en verde furioso. Comprendimos que era nuestro último viaje a una aldea, por lo que tratamos de guardar en nuestras retinas todo lo que observábamos y comenzamos a comprender que de nuestros corazones se apoderaba la nostalgia. Así que nos fuimos preparando durante todo el viaje para celebrar la "Navidad".
Llegamos después de 1h 30m de viaje a Macolumbi, la penúltima aldea en distancia por el río. Estábamos el padre Pedro, Satula (catequista general de la parroquia), los barqueros y nosotros. El recibimiento fue especialmente festivo; hacía muchísimo que no se celebraba una misa de gallo en esa aldea, así que la comunidad estaba especialmente de fiesta. Adornaron la capilla con ramas de palmera y flores silvestres. Había una larga cola de mamás para confesarse; Dani también lo hizo. El lugar era maravilloso, en medio de la aldea, debajo de un imbundeiro, entre los más pobres de los pobres, al lado de una capilla que es lo más parecido al pesebre de Belén que vimos en nuestras vidas, lugar ideal para reconocer a Dios como el Emanuel, como "Dios con nosotros". Después la celebración de la misa, en medio de los cantos, al son del batuque, con toda la liturgia y los cantos como sólo lo saben hacer estos "pobres" africanos, con danzas y cantos y demás.
Y al final nos invitaron a decir unas palabras, las cuales costaron salir de nuestras gargantas. Nos llenamos de emoción, de nostalgia, de amor, de agradecimiento, y sólo nos salió: –“Gracias por regalarnos la Navidad más cristiana de nuestras vidas. Gracias por poder vivir el nacimiento de Jesús en un verdadero pesebre, su capilla fue para nosotros el pesebre de Belén, bambú atado con lianas, en medio del barro, techo de paja y palos, piso de tierra, como cada una de sus casas, porque la capilla es parte de cada comunidad y está fabricada de los mismos materiales que la chozas. Gracias por aceptar a Jesús y abrirle las puertas a María parturienta, para que el niño de Belén tuviera donde nacer, entre la paja, los pobres, los que lo aman y sienten necesidad de Él". Y rompimos a llorar mientras las mamás danzaban en acción de gracias por nuestra presencia. ¡Cómo nos llenaron el alma de gozo y de agradecimiento!
Después nos convidaron como siempre a comer, y fue la mesa de Navidad más hermosa que nos tocó vivir. Comimos como en cada visita el fruto del trabajo de esta gente: funyi (especie de polenta de harina de mandioca), cacuzo (pescado riquísimo del río Kuanza), kisaka (hojas de mandiocas molidas y hervidas o fritadas con aceite de palmera) y el mollo (salsa). Como excepción por las fiestas, una Coca Cola de 330 cm3 para cada uno. Qué gran mesa de Navidad, cargada de la generosidad de los que no tienen y dan.
Luego jugamos con los chicos, danzamos con las mamás, charlamos con los papás y entre cantos y despedidas bajamos la barranca y nos subimos al barco para volver en medio de un atardecer espectacular en el río.
Cuando llegamos a la misión nos pusimos a cocinar para la noche una carne asada con unas papas fritas y cenamos con toda la comunidad. Después de la cena, el padre Josemar nos invitó a subir a la capilla de la misión, y en un momento muy lindo ofreció los regalos que él había preparado para todos. Fue muy lindo el gesto, el momento. Los chicos estaban chochos, felices, locos de contento y nosotros también. Cuando volvíamos para casa nos dimos cuenta de la hermosa luna que había esa noche, espectacular, y además una serenidad especial, sin cohetes, sin bullicio, sólo la serenidad del nacimiento de Belén. Y nos acostamos con el corazón latiendo muy fuerte, a la vez llenos de gozo sabiendo que Dios nos regaló una Navidad muy cerquita de Él, en medio de SU PUEBLO, aquel pueblo que ofrece lo que no tiene para aquel que llega.
Gracias, Dios, por esta Navidad. Gracias por hacerte uno de nosotros. Gracias por querer mostrarnos cuál es el camino de Salvación para los hombres, EL AMOR, LA JUSTICIA, LA ENTREGA, LA FRATERNIDAD.
GRACIAS POR SER NUESTRA GRAN ESPERANZA.
