Nueva misión del P. Musante
Lixeira (Luanda), 8 de diciembre de 2007.
En el día de la Virgen, al cumplir los 66 años de mi Primera Comunión, una nueva misión a Mussende-Calusinga me brinda la oportunidad de comunicarme con Uds.
Hace un año nuestras comunidades animadas por el P. Marcelo, párroco y director, comenzaron a sentir la urgencia de llevar a otros lugares la Buena Noticia. Así fue como, luego de un paréntesis de 4 meses, debido al accidente que se llevó 5 vidas jóvenes, retomamos la misión. Me tocó acompañar a dos grupos sucesivos de mamás, papás, jóvenes y aspirantes salesianos durante 10 días. En el lugar del accidente renové mi gratitud a Dios por la vida recobrada y pedimos su ayuda por intercesión del Hermano Francisco y las mamás Bernarda, Palmira, Domingas y Rosa.
Con toda la fuerza de una camioneta Toyota (4x4) tardamos 9 horas para hacer los últimos 130 km; las intensas lluvias hicieron que nos empantanáramos varias veces. La fiesta que provocó nuestra llegada hizo que olvidáramos el cansancio y las peripecias del camino. Llegamos un sábado por la noche y el Domingo celebré la Misa al aire libre; los cantos, la danza, las ofrendas, las lecturas en umbundu, la presencia de niños, jóvenes, adultos y ancianos, las criaturas a espaldas de sus mamás, los vistosos colores de las túnicas, pusieron una nota de alegría para celebrar a Cristo Rey en la última fiesta del año.
Nos encontramos en tiempo de siembra y la mayoría de las familias tienen cultivos en la selva; allí, en ranchos precarios, aguantando la lluvia y aprovechando los tiempos de bonanza, trabajan con azadas y palas; aquí no existen arados. Maíz, papa, batata, porotos, mandioca, son la dieta básica; la gallina, el puerco o el pescado disecado, son un lujo. También hay abundancia de banana, manga y ananá.
Los encuentros que tuvimos con la comunidad fueron ricos de experiencias:
- El Film con las escenas de la despedida de los misioneros y los rasgos de la vida del Hermano Francisco conmovieron a todos y provocaron reflexiones y oraciones sentidas y profundas. También a los pastores evangélicos que invitamos. Es un hermoso ensamble de fotos, film y música logrados por las voluntarias argentinas Marina y Romina.
- Cada mañana celebramos la Eucaristía en distintas comunidades y aldeas cercanas; cada una con su originalidad en cantos, danzas y ofrendas.
- Durante el día pudimos visitar a algunos enfermos, el hospital y la maternidad con muchas carencias y con solo algunas enfermeras/os; una bebita desnutrida falleció al día siguiente; su mamá sin familia no podía dar el pecho; ella también desnutrida. En una tierra tan próspera!... ¿Ignorancia?, ¿descuido?, ¿injusticia?… Fue el entierro más pobre que me tocó acompañar en mi vida de cura viejo.
- El Oratorio reunió a muchos niños; nos llamó la atención la capacidad que tienen para trabajar la arcilla y hacer variadas figuras. Los misioneros junto a jóvenes del lugar los entretuvieron con cantos, juegos y momentos de reflexión y oración.
- Los jóvenes tuvieron especial atención. Un grupo de 30 vocacionados, aspirantes a la vida religiosa o sacerdotal compartieron sus sueños de futuro. A pesar de no contar con la presencia del sacerdote o de la religiosa, tienen deseos de entregar sus vidas a Jesús; El tiempo irá purificando sus intenciones, muchas veces de "ser alguien", "salir del anonimato"; ¡los caminos de Dios no siempre comienzan con la recta intención! La celebración penitencial y la Eucaristía realizada en la capilla durante una fuerte lluvia nos hicieron arracimarnos junto a la mesa del altar en un lugar protegido y libre de agujeros en el techo. En la Confesión cada uno fue presentando por escrito con mucha convicción su acción de gracias y su pedido de perdón al Señor.
- Otra grata noticia que recogimos, fue que los 146 alfabetizadores formados por los misioneros a principio de año para el poblado y las aldeas, coronaron el primer año con 2.300 alumnos.
- Durante los días de la misión pude visitar Calusinda a unos 100 km de Mussende, otro poblado con gran cantidad de aldeas diseminadas en la selva. Allí también nos recibieron con alegría. Escuché muchas confesiones en umbundu, la Fe de ellos y la misericordia de Dios supera todo requisito. Al día siguiente celebré la Eucaristía del Primer Domingo de Adviento acompañado de una fuerte lluvia amontonados en la parte sana del techo; así y todo no faltaron la danza, el canto y las ofrendas. Pude reunirme con algunos catequistas y escuchar nuevamente aquello de “nos sentimos huérfanos de sacerdote”.
- Al regresar de Mussende a Calusinga quisimos visitar la antigua misión de los Padres Espiritanos grandes misioneros de África; aquella está destruida por la guerra y el saqueo; las paredes y el piso muestran lo que fue una hermosa construcción que albergaba a jóvenes internos que estudiaban y trabajaban. En el año 1976, luego de la independencia una facción de soldados entró buscando el dinero de la misión y destruyendo todo signo religioso (el catolicismo era considerado como religión de los colonizadores). Entonces fue cuando el Hermano Gabriel luego de un largo vía crucis de varios días fue asesinado cruelmente. Así sucedió con otros cristianos. Una mamá que nos acompañó desde Mussende en aquellos años estaba de interna y tenía 13 años; nos emocionó el relato de lo vivido en aquellos días; regresaba al lugar luego de 31 años.
- La vuelta a Mussende me deparó otra sorpresa en la memoria de Mariquiña, la sobrina del Obispo del lugar: Dom Benedito Roberto, también alumno de la misión. Ella estaba como aspirante con las Hermanas Teresianas en Calulo y en 1982 fue tomada como rehén junto a 6 compañeras, 7 religiosas y el P. Urías, salesiano; tuvieron que caminar 55 días por la selva amenazados de muerte; esa noticia la seguimos con interés aquel año en la Argentina; liberada luego, huyó para Namibia donde perdió contacto con su familia hasta el 2002, en que logró volver, casada y con tres hijos, para abrazar a su mamá y hermanos.
En fin, todas estas experiencias son motivo de agradecimiento porque, además de llevar aliento y sostener la Fe, nos enriquecen a quienes la Providencia nos cuidó para aprender, alabar a Dios que triunfa de las tinieblas de la injusticia, y mirar el futuro con mucha esperanza, como lo viene anunciando Isaías en las lecturas de Adviento.
Me despido con una oración: “Señor, danos una Feliz Navidad en la que resplandezca la Estrella de Belén. Que ella ilumine a los que sufren la noche de la exclusión y a nosotros nos dé el coraje suficiente para darla a conocer con la disponibilidad de María, José y los pastores”.
Recordando que en la amistad, "la distancia es como el viento que apaga los fuegos pequeños y alimenta los incendios", reciban un fuerte abrazo en esa noche bendita y, feliz nuevo año.
P. Roberto Musante
Del boletín Inspectoría ABA
