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Visita del Inspector a las misiones en Angola

Desde Angola:

Son tantas las impresiones, los rostros, las vivencias de los días que llevamos en la Capital de Angola, que uno no sabe por dónde comenzar para hacerlos partícipes de algunas de las alegrías vividas.

En primer lugar, los invito a dar gracias al Señor por el extraordinario trabajo que están realizando nuestros misioneros. Son muy valorados y queridos por esta gente tan humilde y tan buena.

Por ahora me he encontrado con el P. Marcelo Ciavatti, director de la inmensa Obra de Lixeira; con el Hno. Francisco Ottolini, administrador, y la voluntaria de Curuzú, Marina Dos Santos, quien se está desenvolviendo como educadora y catequista en el Colegio “Don Bosco”, que cuenta con 4.500 alumnos, más otros 1.500 en otros centros dependientes de la misma Obra, más otras 10.000 personas en alfabetización.

Los Centros Comunitarios son 12 y, la mayoría de ellos se encuentran en un radio de 1 km., a los que se llega caminando entre senderos de basura, aguas servidas, perros y gente…mucha gente, sobre todo niños, que aparecen como salidos de la tierra, con una sonrisa inmensa en sus labios y unos ojos de asombro ante los que pasan tan temprano (las 6.35 de la mañana), rumbo a alguno de los Centros que hacen, a esa hora, de Capilla y, al finalizar la Eucaristía, de Escuela.

Eliseo, Domingo, Mauro…, son los nombres de algunos monaguillos que, en estos días, nos esperan puntuales antes de las 6.30 en el Don Bosco para acompañarnos al Centro donde, esa mañana, nos han pedido celebrar la santa misa. Son muy pobres; están estudiando 7º y 5º grado; pertenecen a familias numerosas; ayudan con un fervor y alegría que se trasluce en su rostro de ébano… A varios de ellos les gustaría ser sacerdotes…Se preparan haciendo el curso para “misioneros”, que el P. Roberto Musante, de la inspectoría de Buenos Aires, está dictando en cuatro de los Centros y del que están participando más de 150 personas, entre jóvenes y adultos.

Se percibe el hambre y la sed, no sólo material, en el rostro de esta gente tan sufrida, sino sobre todo de Dios y de su Palabra, tan necesarios para que la vida de los “imbundu” y los “kimbundu”, las dos razas más numerosas por esta zona, puedan alcanzar la felicidad que Dios desea para todos sus hijos, ya en esta tierra. Pero a ellos, les hace falta tanto…! Y, sin embargo, se los ve alegres y felices, lo que no signifique que no sufran hasta lo indecible!

Les pido una oración por nuestros hermanos misioneros y por esta gente maravillosa. Dios quiera iluminar a sus gobernantes para que los bienes más imprescindibles para una vida digna (agua potable, vivienda, un espacio de tierra…) los puedan tener lo más pronto posible.

Con afecto fraterno,

P. Joaquín, sdb

 

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