Escribieron Canario y Marcela
Querido Padre Juan:
Muchas gracias por estar siempre comunicados con nosotros.
Le queremos contar que estamos muy bien gracias a Dios. Aquí cada día es un nuevo regalo que Dios nos da. El sábado 26 de mayo, fuimos a la Peregrinación a la Basílica de Maria Auxiliadora. Asistieron unos 5.000 jóvenes y también unas 50 mamás que vinieron desde Luanda. A la cabeza de la caravana iba el Padre Guillermo Basanies (nuestro Inspector) quien acompañó al grupo desde el comienzo en (danya menha) hasta la basílica de Nuestra Señora. Son más o menos unos 50 km de camino entre montañas. La experiencia fue hermosa, manifestación de fe, alegría, y unión entre los hermanos. Marcela fue en una camioneta repartiendo agua, y naranjas. Y en la subida del morro de la Vinda, camino a mi lado los últimos 20 km. Llegamos a las 18 hs, luego de un total de 12 hs de caminata; y a las 19 hs tuvimos la Misa de Acción de Gracias. Al día siguiente la Misa central fue celebrada por Monseñor Don Pedro Luís Scarpa. Fue inolvidable, especialmente el momento del Tambula (ofertorio), donde se ofrecen los frutos del trabajo y de la tierra.
De dicha peregrinación quiero destacar dos detalles. Uno, la unión de los peregrinos. Comenzamos a subir el morro de la vinda, que era nuestro mayor desafío, debido que tiene una altitud de 1,700 m en una extensión de 12 km y después de haber caminado 30 km. Detallo esto para decir que cuando estaba subiendo, tenía un hambre bárbaro, sentía que me temblaban las piernas y dije: -"no voy a poder", pedí ayuda a Nuestra Señora y en ese momento apareció un joven, que me dijo: -"¿Está bien, Padre?", ya que muchos jóvenes que no eran de Dondo me llamaban Padre. Respondí -"si lo único que tengo es mucha hambre, ya que no comí antes de subir al morro, ¡con un pan estaría bárbaro!". Él me respondió: -"yo tengo", y sacó de su mochila un pan con atún. Realmente sentí que era la Auxiliadora quien me daba el pan.
Lo otro que nos aconteció con Marcela fue en la misa del domingo a la mañana. Estábamos sentados atrás, ya que no encontramos un lugar en el patio de la Misión de Ndalatando. Estábamos rezando con la cabeza baja, y pidiendo a Dios por nuestro hijo que todavía no tenemos. Al levantar la cabeza, estábamos rodeados de niños. Tal es así que un tirocinante llamado Alberto llegó corriendo al lugar donde estábamos, y abriéndose paso entre las cabecitas de los chicos que estaban a nuestro lado nos preguntó: -"¿Les pasa algo, se sienten bien?". Le respondimos que sí, que estábamos bien. Y dijo: -"pensé que estaban desmayados en el suelo", y con un sonrisa se alejó del lugar. En ese momento recordé las palabras del Padre Marcelo Ciavatti, dichas en el año 2004 antes de venir para Angola: -"un hijo biológico es hermoso y ser Padre de muchos también lo es. Si es por amor, Angola le sobra".
Realmente es así, es levantarnos cada día y encontrarnos con las caras alegres de mamás, chicos, jóvenes, papás, y hasta abuelos llenos de amor. El miércoles pasado fuimos de retiro de los voluntarios a una ciudad llamada Calulo, y de ahí a una estancia a unos 20 km llamada Quitila. Esta estancia estaba dedicada fundamentalmente al cultivo de café, pero fue tomada por la UNITA y los dueños tuvieron que regresar a Alemania. En el 2002 cuando finaliza la guerra, recuperan la estancia. Y crean en ella una escuela y un puesto de salud, pero cuenta con algunas edificaciones para retiro espiritual. El lugar es bellísimo. El retiro fue guiado por el Padre Roberto Musante, vale decir, un Padre con mucha experiencia de vida y una gran riqueza espiritual. Otra de las cosas que jamás olvidaremos de nuestra querida Angola.
Bueno, querido Padre. Tendría para escribirles innumerables páginas pero lo dejo para más adelante. Nos despedimos con fuerte abrazo, unidos en cada Oración y en cada Eucaristía. Por favor, hacer extensivo nuestros saludos a toda la comunidad de Maria Auxiliadora.
Marcela y Canario
