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Testimonio Angola 2004

P. Jorge L�pez, sdb

El Padre Jorge López a su regreso de Angola agradece a través de IF a todos los que colaboraron para que esta misión se llevara acabo. El mismo Padre nos cuenta que es muy difícil hacer un resumen de esa vivencia, o como él menciona, “de este regalo de Dios”. Jorge, antes de contarnos su paso por el país africano, recuerda y agradece al P. Viganó, quien como Rector Mayor fue el impulsor de las misiones, en lo que se conoció como el Proyecto África.

El Padre junto a los misioneros estuvo en la comunidad de Dondo, a 200 Km de la capital, lugar destruido por la guerra de los últimos 25 años y por la pobreza presente. La comunidad salesiana atiende 50 aldeas de la Parroquia Ntra Sra del Rosario, realizando un trabajo de evangelización y alfabetización, como se comentó en los testimonios ya publicados en IF y en este website.

Jorge nos contó: ”Se trató de estar en Angola y tratar con la gente en una actitud de mucho respeto, aprender de ellos, en especial de los jóvenes y los chicos con su mensaje de esperanza. Lo demuestran más de 500 chicos cuando se disponen a hacer diariamente 10 ó 15 km. con tal de aprender en la única escuela de la zona, atendida por el Padre José López”

“En la mayoría de las familias se ve mucho dolor porque en cada una de ellas el padre, uno o dos hijos fueron muertos en la guerra. Pero sin embargo se ve esperanza, cantan mucho, celebran con entusiasmo, danzan en las calles y yo aprendí eso, de la capacidad de tener esperanza y en medio de las dificultades, cantar y danzar. Como también aprendí de los voluntarios, de su entrega. Todas las noches cada uno abría el corazón liberando aquello que había vivido en el día.”

“Participamos mucho de los espacios evangelizadores como los oratorios, llenos de jóvenes animado por los salesianos del pre y post noviciado.”

El Padre Jorge recuerda y comenta cómo los Obispos ven a Africa: “Africa puede ser vista como la parábola del buen samaritano. Africa se parece al hombre tirado en el camino. Africa necesita que el que se acerque a ella sea con la compasión del Buen samaritano, la compasión entendida en el sentido evangélico, ponerse en el zapato del otro. Me ayudó mucho y traté de que en esos días, cada vez que me acercaba a un niño, a una familia de ir con esa actitud, cargando aquel hombre herido, curando sus heridas y ayudarlo a recuperarse. Fue el pequeño aporte del grupo de voluntarios a la herida dejada durante esta guerra y el despojo de las potencias colonizadoras que la dejaron al borde del camino.”

 

 

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