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Multitudinaria muestra de fe y devoción hacia el Divino Niño

El obispo de la Diócesis de Formosa, monseñor José Vicente Conejero, ante una verdadera multitud que se congregó en la misa por el Divino Niño, llamó a la feligresía a reforzar la entrega generosa, la solidaridad hacia los más pobres y enfermos y a dejar de lado actitudes mezquinas, muchas veces de envidia entre las mismas comunidades como también resaltó la necesidad inminente de fortalecer el diálogo en la familia, como base fundamental de la sociedad.

Miles de personas participaron ayer de la misa en el Templete del Playón del Divino Niño, sobre la Avenida Napoleón Uriburu, en la fiesta patronal más convocante del calendario religioso formoseño, ratificando una convocatoria que se repite cada 25 de mes y que se ha convertido en un fenómeno de devoción y fe desde hace varios años.

A la misa, que en sus primeros tiempos participaban sólo los vecinos de la humilde comunidad de Laguna Sian, asisten feligreses de los distintos barrios de esta ciudad, del interior y, también, de provincias vecinas.

Los devotos concurren a pedir favores y agradecer bendiciones, con testimonios de vida que van desde simples actos hasta sanaciones que le atribuyen al Divino Niño. La devoción es impactante y se transmite a través de cantos y alabanzas a viva voz de la gente. No hay edades que sobresalen, niños, jóvenes, adultos y ancianos ponen de manifiesto su inmensa fe en el santo patrono.

Las actividades en honor al Santo Patrono del barrio Laguna Sian se desarrollaron durante todo el día, culminando con una procesión por las calles y una santa misa que fue celebrada por el obispo de la diócesis, monseñor José Vicente Conejero Gallego, acompañado del salesiano padre Alejandro Gómez y ministros de la Iglesia.

La imagen del Divino Niño ingresó al predio ubicado sobre la Napoleón Uriburu colmado de feligreses que saludaban con pañuelos y alegres cánticos, mientras se lanzaban cohetes y fuegos de artificio.

En su homilía, el obispo llamó a ser más generosos y solidarios con los pobres y enfermos “cumpliéndose con aquel mandamiento que nos dejara Dios: aquello que hicieran con alguno de estos hermanos, conmigo lo hicieron”.

“Tenemos que arrancar de nuestro corazón la pereza, el resentimiento, tenemos que convertirnos a Dios y también convertir a nuestros hermanos en una relación fraternal como Dios quiere …Cada uno sabe lo que tiene dentro de su corazón. Todos estamos invitados a la conversión. Debemos pedir al Señor que purifique nuestro corazón de todo aquello que nos es bueno. Pidamos que la conversión sea auténtica y verdadera y que además de personal sea también familiar, porque hoy en día hay muchas desuniones familiares, hay falta de diálogo en el matrimonio, muchas peleas, discusiones incluso los más violentos se van de las manos; todo eso hay que arrancarlo, sacarlo, porque no lo quiere el Niño Dios”, consignó el obispo.

Advirtió que el llamado no es sólo para la gente común sino “también para aquellos que cumplen una función pública, para quienes tienen mandato dentro de las comunidades religiosas, son quienes más deben distinguirse por la humildad, la sencillez, el servicio; Jesús es el modelo. Esta conversión nos tiene que llamar a todos, queremos ser discípulos del Señor, él es el maestro, el que enseña con su vida, con su palabra, por eso a partir de ahora no vamos a proceder según nuestro capricho o gusto, a veces podemos estar muy equivocados, no debemos dejarnos llevar por nuestros sentimientos que, a veces, también pueden engañarnos pesar de la buena voluntad”.

“Tenemos que proceder según la palabra de Dios, según Cristo, según el ejemplo de los Santos de la Iglesia. Eso implica el respeto, el perdón, la tolerancia, el preferir sufrir uno mismo antes que hacer sufrir a los demás”, afirmó Conejero.

La Mañana Online

 

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